TESTIMONIOS




Vale la pena Guerrear

Lisandro Parra

“La primera vez que escuche hablar de Jesús, tenia 25 años de edad. En ese momento, hice la oración de fe por darle gusto a la persona que me había invitado a la iglesia. Pero fue esa pequeña oración, la que hizo qu El Espíritu Santo entrara a mi vida. Por algún tiempo, trate de apartarme del pecado y seguir el camino correcto; pero lamentablemente, los vicios, el dinero, los placeres del mundo y la codicia me llevaron por muy malos caminos.


Tanto es así, que no fue sino hasta 15 años después de ese primer encuentro con Jesús, regrese arruinado, destruido y casi al borde de la muerte, a sus pies; los mismos pies que años atrás había visto en sueños, que me habían salvado de los ataques del enemigo, me hicieron entender el Poder de su nombre y de su sangre. ¡Gracias a Dios, ese sueño se hizo realidad!

Hoy soy testimonio de la mano poderosa de Dios. El me salvo de la muerte, de la carel, de la maldad, de la perdición y hasta de una brujería que casi acaba mi salud y mi vida.

Cuando me reconcilie con el Señor, era tal la convicción de pecado que sentía la necesidad de hacer la oración para recibir al Señor, a cada rato. Fue un alivio para mi el darme cuenta que el único amigo que había quedado de mis épocas de abundancia, pecado y corrupción era Jesús de Nazaret; el único que extendió su mano cuando los demás me dieron la espalda.

Empecé a servir al Señor con todo mi corazón en el ministerio de alabanza. Sin embargo, cuando llegue a la iglesia El Rey Jesús, me di cuenta que yo era un cristiano lleno de fuego, pero sin conocimiento. No sabía como orar y tenia dones dormidos, que el Señor me había dado, pero yo no sabia como explotarlos.

Doy gracias a Dios por la vida de mis pastores Guillermo y Ana Maldonado, porque a través de las enseñanzas de ellos, he recibido la práctica en el campo de batalla. Cuando empecé a asistir a la oración de madrugada, me sentí avergonzado, porque era el único hombre del grupo que no sabía orar; y no quería seguir asistiendo porque era muy machista. Cuando vi que eran mas mujeres que hombres las que oraban, prejuzgue y recuerdo que, en una oportunidad, la Pastora le dijo a una intercesora bajita y delgada (Dianita) que orara, y yo pensé: “¡ah!, a esta el diablo se la come viva”; pero, cuando la escuche orar, tuve que arrodillarme y pedirle perdón a Dios.

Hoy reconozco el gran poder que tienen la mujeres de Dios cuando oran. Fue a través de la oración, que el Señor me hizo libre del machismo , las ataduras, las fortalezas y de las legiones de demonios que me atormentaban como consecuencia de la vida “fácil” y corrupta que yo había llevado en el pasado. Gracias a la oración, fui libre, incluso, de mi “excesivo amor” por el ministerio de alabanza. Además aprendí a amar primero a Jesús y a prepararme para mi verdadero llamado “evangelista”.

El tener una vida de continua oración, me enseño a someterme a la autoridad de mis pastores. Y, el Señor me ha dado la victoria para poder ver lo que antes no veía, y poder sentir y oír lo que antes no sentía ni oía. Antes de ser disciplinado en la oración, era un cristiano propenso a los ataques del enemigo; ahora puedo decir que soy un hombre de oración; soy un cristiano que sabe pelear por almas, por su familia y por su ministerio. Antes, el diablo hacia conmigo lo que quería, ahora yo soy quien le dice: “Diablo, prepárate; que antes que te metas conmigo, te voy pa'encima”.

Así como reconozco el poder de Dios a través en las mujeres de oración, también puedo decir a los hombres que no oran, que deben dejar la pereza y la flojera. A mi me costo mucho tomar la decisión de empezar a orar, pero a través del reto constante de la pastora hacia los hombres, entendí que debía aprender a batallar en el mundo espiritual, de la misma manera como lo haría en el mundo físico si alguien se metería con mi esposa y mis hijos. Aprendí, además, a tomar la posición de sacerdote en mi hogar. Hoy puedo decir que un hombre que ora y se pone firme, proporciona golpes letales el enemigo; pues el diablo quiere que el hombre valga “nada”; a tal grado, que intenta seducirlo para que le guste mas la televisión que la vida de oración.

Se que la perseverancia, la constancia y una vida de santidad, son los ingredientes para obtener el éxito en cualquier ministerio. Hay muchos hombres en pobreza espiritual, física y económica, solo porque no han tomado la decisión de hacerse valer, de ser firmes y de empezar a orar. Yo puedo dar fe que, cuando un hombre empieza a orar, Dios no solo lo levanta en el área espiritual, sino también, en lo económico, en lo moral y en la forma en que otros lo ven. Un hombre de verdad no es un machista gritón; un hombre de verdad es aquel que sabe gemir y llorar ante la presencia de Dios.

El salir de las garras del enemigo y entregarme realmente al Señor y al poder de la oración, me costo 15 años y casi pierdo la vida y la salvación. ¡Por eso, ahora, se que conocer al Señor fue lo mejor que me pudo suceder!

“Tome La autoridad, saque al enemigo a patadas de su casa y de su vida, y hágale pagar y devolver siete veces, todo lo que le robo”.