TESTIMONIOS




De las tinieblas a la luz

Cuando apenas tenía siete años de edad, empecé a ser abusada sexualmente, primero por mi padre, quien se masturbaba delante de mí, me tocaba y amenazaba con no pagar mis estudios ni los de mis hermanos si yo decía lo que estaba pasando.

Después fue mi abuelo quien una noche que yo estaba en su casa con mis primas, en el momento en que yo estaba durmiendo entro a mi recámara y empezó a tocarme.
Con estos agravantes, la figura paterna para mi era monstruosa, solo tenía un tío en el cual confiaba y al que admiraba. Me fui a vivir con él a Estados Unidos, y una noche cuando menos lo esperaba, entró en mi habitación, se quedó mirándome mientras yo me ponía la pijama y me dijo que tenía una figura hermosa y que cualquier hombre estaría feliz de acostarse conmigo, en ese momento sentí que el mundo se me despedazaba, lloré mucho, mi tío se arrepintió, me pidió perdón y nunca más volvió a sobrepasarse conmigo; sin embargo yo ya no podía volver a confiar en los hombres.

Después de un tiempo, me enteré que cuando mi papá era adolescente, el también había sido abusado sexualmente por un sacerdote. Osea que era una maldición operando en mi familia, hoy entiendo que mi padre no era un hombre malo, sino que estaba atormentado por espíritus que entraron a su vida en el momento en que fue abusado sexualmente.

De igual manera, cuando mi padre abusó de mi, esos espíritus también se quedaron en mi vida, haciéndome presa fácil del enemigo. Cuando yo tenía 14 años, fui violada de la forma más cruel. Estando en un salón de belleza, alguien puso una droga en el jugo que yo estaba tomando, luego me vi en una habitación desnuda, golpeada, sin fuerzas y casi sin conocimiento; pero gracias a Dios, el diablo no me pudo matar, ya que según me entere después, una mujer me encontró y atraparon a dos de los hombres que me habían hecho daño, justo en el momento, en que estaban tratando de cortar mis venas con el vidrio de una botella. Lamentablemente fue tal el maltrato emocional y físico que recibí, que el doctor ni siquiera pudo hacer el reconocimiento vaginal, incluso faltaba varios mechones de cabello en mi cabeza.

Mi vida fue destruida física, moral y espiritualmente. Tenía mucho miedo, lloraba sin cesar, me sentía la mujer mas infeliz del mundo, nada me importaba, quería morirme. Mi mamá sufría al tiempo conmigo y solo pensando en lo mal que ella estaba, tomé el valor de seguir adelante. Una tarde cuando escuché que mi mama no reaccionaba, le pedí a Dios que me ayudara y que me diera el valor para recuperarme, empecé a refugiarme en Dios y en su misericordia.

Cuando conocí a Cristo, mi vida cambió radicalmente, aprendí a perdonar, dejé la vergüenza, y el sello final lo puso la  liberación. Recuerdo que hice cuatro intentos de asistir a la cita de liberación y siempre se presentaba un obstáculo, por supuesto el enemigo no quería que yo fuera libre, pero gracias a Dios, la pastora Maldonado se hizo cargo personalmente de mi liberación, ella no le tiene miedo al diablo y su pasión es ver mujeres libres y restauradas. Yo puedo decir que desde ese día, soy otra persona, todas las maldiciones, las transferencias y las frustraciones se fueron de mi vida para siempre, y a pesar de haber perdido la inocencia a tan corta edad, hoy soy una mujer libre, feliz, restaurada y he recuperado mi estima y mi "virginidad", pues ahora vivo en santidad.

TODO LO PUEDO EN CRISTO QUE ME FORTALECE Y SI DIOS ME RESTAURO A MI, TAMBIEN A TI TE PUEDE RESTAURAR.