TESTIMONIOS




Realizada en Cristo

Crecí con un concepto falso de la mujer y su propósito.  Me enseñaron que la mujer tenia que alcanzar la "realización femenina" como meta, que la educación, la carrera, y el éxito a "costa de todo" sería premiado con el poder económico, influencias, estatus social, respeto y admiración.

El matrimonio y los hijos eran secundarios.  Esta ideología me llevó a destruir mi propio hijo a través de un aborto.  Un hijo antes de alcanzar el éxito profesional era considerado una debilidad.  
Después que alcancé la supuesta "Realización Femenina",  era una mujer desdichada, sola, herida, atormentada, e insegura, viví un infierno de culpabilidad que me llevó a intentar suicidarme varias veces. Me sentía perdida, defraudada, vacía y engañada, sin propósito de vivir. La desesperanza de ver el daño tan grande que le causé a mi familia, a mi esposo, y peor las pesadillas por el hijo que nunca nació, me acosaban de día y de noche.  Mi vida era una mentira. Era una miserable, un cascarón desolado, sin paz, sin amor.  Llegué a odiarme a mi misma. Intenté usar las drogas y el alcohol para olvidar mi dolor.  Me sentía rechazada, avergonzada y sucia al recordar  mi pasado y mi promiscuidad. Jezabel, no solo robó mi alma sino también mi cuerpo. La "Ideología" te decía "SI TE SIENTES BIEN, HAZLO", "ERES UNA MUJER INDE-PENDIENTE", los placeres sexuales sin compromisos sentimentales eran una señal de tu evolución como la "mujer moderna".  Esto combinado con el abandono de mi padre y  el abuso físico y sexual en mi niñez, eran los ingredientes de una vida destruida.

Yo nací, producto de una violación en un ataque de ira de mi padre, mi madre trató de abortarme incontables veces, pero obligada por mi padre, dió a luz.  Ella no me tocó sino hasta que tuve tres  meses de nacida. El rechazo me marcó y todo esto me hizo candidata para esa desgraciada Jezabel.

De los dieciseis a los veinte años, me enamoré de Jesús profundamente. Pero algo terrible pasó, mi pastora fue descubierta teniendo un romance con el piloto del pastor. Me volví enemiga de los cristianos y caí en las manos de Jezabel de los veintiuno a los treinta y cinco años.  Desde niña tuve visiones y sueños proféticos, vi manifestaciones espirituales, pero en el momento no sabía lo que eran y mi mamá me llevaba a psicólogos que decían que eso era fantasía. Oía la voz de Dios y me convencían que era mi mente.  Cuando llegue a Cristo me dijeron que eran voces del diablo, ya al ser dominada por Jezabel fui exaltada como vidente y empecé a experimentar con astrología, meditación y el I Ching. Pero como había conocido a Cristo me sentía vacía y empecé a buscar a Dios nuevamente en otra religiones, como los testigos de Jehová y el mormonismo, finalmente llegue a convencerme que la única verdad era un Cristianismo a mi manera. Me conformé con una vida pobre de oración y de vez en cuando ir a la iglesia.

Cuando Conocí la Pastora Ana Maldonado me caía tan mal, me rió ahora, pero ella literalmente entraba en un lugar y yo tenía que salir. El Pastor me caía bien, pero ella, olvídalo no me gustaba su mirada. Lo que no sabia era que ella siendo profeta, me estaba tomando la temperatura espiritual. Entonces un día mi esposo y yo fuimos a una reunión con el pastor en su oficina, le contamos nuestro testimonio y el oró por nosotros y nos profetizó. Nos dijo que éramos líderes y que Dios me iba a usar para restaurar mujeres. Todo estaba tremendo, entonces de repente me miro y mandó a llamar a la pastora, "Oh No" dije dentro de mí. Cuando ella entró no la mire y el pastor dijo "Quiero que le ministres liberación a la hermana mañana a primera hora" yo casi me caigo, me quedé incomoda pero dije dentro de mi "no hay problema, yo no tengo nada."  Me ministro por 8 horas. Allí paso de todo; gritos, llanto, vómitos, de todo.  Nunca me olvidaré de su rostro, se  le veía una compasión, una determinación, una entrega tan completa, nunca vi a alguien importarle tanto mi vida.  Ese fue la primera de muchas liberaciones con ella que siguieron por dos años más. Ella nunca desistió, nunca tiró la toalla, nunca se dio por vencida y sigue hasta el día de hoy perseverando para llevarme a mi destino.  

Honró a través de este testimonio a Dios Primeramente y después a mis pastores Guillermo y Ana Maldonado, mis Padres espirituales.  El Pastor ha sido una piedra angular en mi vida, él llenó el vació de padre, me enseñó a ser una hija y más importante todavía, me enseñó que SOY DIGNA de recibir el amor paternal del Señor. Soy una mujer realizada en Cristo, encontré el verdadero éxito a través de Jesús.