TESTIMONIOS




Huérfana y Extranjera

La perdida de mi padre marcó mi vida para siempre, él era mi ídolo, un gran padre.

Inculcó cosas muy lindas en mi vida, lo vi cuidar a mi mamá y a sus hijas de una manera impresionante, era tal el cuidado, que se le fue la mano, sin querer me enseñó a ser orgullosa, prepotente y a creerme mejor que los demás.  

Cuando el murió, ese orgullo en realidad se convirtió en baja autoestima, fingía creerme más que otros, pero en realidad, me sentía menos, me sentía diferente, las otras niñas del colegio tenían papá y yo no, el dinero que teníamos y los negocios de mis padres se arruinaron; ya no había dinero que presumir y de pronto nuestra vida cambió, mi mamá me llev ó a otro país a empezar una vida nueva.  

Yo estaba acostumbrada a ser atendida como niña rica, pero ahora tenía que trabajar, nunca en mi vida lo había hecho, mi primer trabajo fue vendiendo flores en una calle de Miami, luego de mesera, y "la niña rica" se fue volviendo fuerte, rencorosa y llena de falta de perdón, tenía odio con mi papá por haberse muerto, odio con quienes lo habían matado, odio con mi mamá por haberme sacado de mi país, y odio contra mi porque para completar, me enamoré por primera vez de un hombre que tenía novia y para quien yo era solamente una diversión; entonces también albergue en mi corazón odio contra él, pensé que entregándole mi virginidad las cosas cambiarían, pero no fue así, pues él se caso con su novia, y  mi baja autoestima creció, no me importaba ser la otra, fornicar o adulterar, daba igual, total ya no había cumplido mi promesa de llegar virgen al altar, y además prometí no volverme a enamorar.

A pesar de tener muy buen trabajo y ganar muy buen dinero y acumular premios y diplomas, me sentía sola, triste y vacía. Mis amigos eran sólo para salir a bailar el fin de semana, pero nada de eso me llenaba. Habían pasado once años desde la muerte de mi papá, y lo seguía llorando, el espíritu de luto estaba fuertemente marcado en mi vida.   Tenía todas las de perder, era una joven extranjera y huérfana que escondía sus sentimientos en una falsa coraza de dureza para no ser herida y además estaba llena de rencor, no honraba a mi madre, por el contrario cada vez que podía la hacía llorar, era algo así como mi venganza con la vida, pero sucedió lo que no esperaba, a los veintiún años de edad cuando empezaba una relación tormentosa con el hombre que hoy en día es mi esposo, tuve un encuentro real con el único hombre que nunca falla, que ama, da valor, perdona y restaura. Conocí el verdadero amor, me enamoré de Jesús de Nazareth, y empezó mi proceso de restauración, pero definitivamente hace 5 años cuando crucé las puertas del Rey Jesús fue cuando conocí el verdadero poder del Espíritu de Dios, fui libre de la falta de perdón, perdoné a quienes asesinaron a mi padre, lo sigo amando pero ya no lo idolatro, restauré la relación con mi mamá y ahora ella también le sirve al Señor, mi hogar cambió progre-sivamente y hoy en día puedo decir que a pesar de todas las fallas, los pecados, errores y procesos del camino, soy muy feliz, tengo un hogar hermoso y unos hijos preciosos.  Aprendí el significado de la honra, amo a Dios con todo mi corazón, pues Él llegó justo a tiempo y doy muchas gracias a mis pastores por lo que me han enseñado, por la palabra que el pastor nos enseña en cada servicio y por su corazón de padre, y definiti-vamente a mi pastora por el ejemplo de mujer que es, por su integridad, por su honestidad, por su temple, por su franqueza, porque es un ejemplo real de pastora, esposa, madre y verdadera mujer de Dios, la admiro y nunca olvidaré que la primera vez que la vi predicar, fue en una conferencia de Déboras, ese día era mi cumpleaños y recuerdo que le dije a Dios, "Señor el regalo que te pido hoy, es que un día yo pueda predicar como esa mujer".

Hoy soy una Débora al Frente de la batalla, extranjera y huérfana de padre, pero con un Padre Celestial precioso que me trajo a esta vida con propósito para servir y ser usada por Él, como testimonio que de lo vil y menospreciado escogió el Señor.   No importa si eres huérfana y extranjera, tienes propósito, soltera o casada, eres hija de Dios y estás llamada para ser parte de su Reino.